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sábado, 12 de marzo de 2011

Tsunami emocional

Japón está asolado.
Todos estamos desolados.

Hace mucho tiempo que tenemos el corazón cauterizado ante la avalancha continua de noticias sobre desgracias, genocidios, tiranías, reyezuelos, violencias de todo tipo ...

Sin embargo, en medio de este fragor, la naturaleza ha hablado, y ha hablado muy fuerte; tarea nuestra es entender el mensaje.

En estas sociedades primermundistas tan acostumbradas a pedir responsabilidades y a culpabilizar, ¿A quien responsabilizamos de esta desgracia?

  • Podría ser que el maremoto no haya respetado el límite de 110 Km/hora
  • Puede ocurrir que el terremoto ignore el protocolo de Kioto y se haya organizado una orgía de fuego y humo (o a lo mejor incumple la legislación anti-tabaco)
  • También puede ser que el seísmo haya desoído las normas y recomendaciones de la autoridad japonesa en materia nuclear
  • ... vaya usted a saber.
Estamos acostumbrados a que siempre haya un responsable: un machista, un xenófobo, un fumador, un conductor o, por qué no, un gobierno pero, en este caso, no tenemos un responsable, sólo tenemos un mensaje alto (muy alto) y claro por parte de la madre naturaleza. Un mensaje que además llega en un momento socio-histórico-político-económico muy concreto y en conexión con los telegramas previos recibidos en Indonesia y en Nueva Zelanda.

Quizás deberemos ser un poco más modestos y mirar hacia atrás para retomar el común denominador de todas aquellas religiones que denominamos animistas cuya idea básica es la de la búsqueda de la armonía con la naturaleza; de esta manera siempre podremos tener presente que estas desgracias (inundaciones, erupciones, seísmos, ...) son recurrentes.

Corolario 1º: Pasará muy poco tiempo para que este maremoto emocional se diluya de nuestro recuerdo, seguramente porque nos seguirán llegando más y más y más noticias de las que cada una va borrando la anterior pero de lo podemos estar seguros es que los mercados sacarán buena tajada de esta desgracia.

Corolario 2º: No me siento con ánimo para hacer(me) ninguna recomendación de tipo lúdico. Sólo me centraré en una reflexión "Qué desasosiego produce el no poder culpabilizar a nadie".